Silencio. Tratando de crear un lienzo inmaculado en mi mente. Era abrumador el solo observar, así que cerré los ojos un breve instante y luego camine hacia la acera frente a su casa, saqué un cigarro prestado y lo encendí con fósforos prestados. Eran alrededor de las 4 a.m., no estaba ebrio o sobrio, solo sentía ese leve sabor a licores mezclados que acabaron haciendo efecto más tarde ese mismo día. Un carro atravesó el silencio, seguía solo, mis pensamientos eran aleatorios, alternaba entre sucios recuerdos de mis días pasados y expectativas ambulantes para el futuro. Escuché voces que se acercaban cada vez más y luego se volvían lejanas, hasta que levemente dejaba de escucharlas.
Suspiro. Aceptando los frágiles pedazos de resignación que recogía mientras me adentraba nuevamente hacia el final del callejón, sentía el sonido retumbante cada vez más fuerte, cada vez más cerca hasta que por fin estaba ahí, el lugar donde estaban todos reunidos, en grupos definidos, los que bebían, los que fumaban, los que bailaban y los que no hacían ninguna de las anteriores. Me mantuve distante observando que el tiempo ausente no inmuto el ambiente.
Engaño. Una de esas actitudes que solo puedo compartir cuando provienen de mi, leí que poseo rasgos de personalidad anormal, lo que explica mi falta de compromiso sentimental. Exacto, no podía permitirme estar en esa situación y aún así estaba expuesto. Me acerque, estaba cerca, cerca y más cerca, y lo comprendí. Era evidente.

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